domingo, 6 de diciembre de 2009

Reabre la parroquia de San Pedro tras su reforma interior

Tras varios meses de obras, en el día de hoy a reabierto sus puertas el templo parroquial de San Pedro Apóstol.

Emplazado en la plaza Mayor de Valencia de Don Juan, esta iglesia significó la agrupación del resto de parroquias coyantinas a comienzos del siglo XIX. No sólo fue una reordenación administrativa, sino que su construcción hizo que se derribasen o quedasen en desuso casi todas las demás iglesias. De algunas se aprovecharon incluso materiales constructivos para erigir la nueva planta (nombre con el que inicialmente se denominó). El emplazamiento elegido fue el que en su día ocupó la parroquia de San Cristóbal.

El proyecto lo firmaron Pedro Perfecto Sánchez Ibáñez y su hijo Isidoro Sánchez Puelles, arquitectos que diseñaron un edificio de estilo neoclásico. Las obras se iniciaron en 1818 y tras sucesivos problemas -principalmente económicos- se dieron por concluidas en 1876. De hecho, la iglesia no se terminó como se había proyectado, sino que la altura de las torres, por falta de dinero, se vio mermada en un cuerpo. La imagen adjunta trata de interpretar cómo hubiese sido el resultado final de aquel proyecto.

La fachada se construyó con sillares de piedra. Se forma por tres cuerpos, sobre podio escalonado. El primero se caracteriza por sus pilastras de orden toscano, el segundo por su vano semicircular y el tercero por su frontón de amplias corinisas. En la posguerra se situó como acrotera un Corazón de Jesús obra del escultor leonés Manuel Gutiérrez Álvarez (también autor de la escultura en recuerdo a los muertos en la Guerra Civil).

El resto de la edificación se realizó con ladrillo cocido y cajones de canto rodado, todo ello unido con argamasa de cal y arena y revestido con mortero de lo mismo. En la última restauración exterior se decidió despojar de dicho revestimiento al edificio, mostrando así sus materiales. También entonces se incorporaron una serie de gárgolas de cobre efectuadas por el artista local Manuel Chiches Cambero.

Al interior, el templo se distribuye en tres calles y tiene planta de cruz latina. Los materiales son los ya indicados, existiendo sólo piedra en algunas jambas y arcos adintelados, además de en las basas de las pilastras. Las amplias cornisas que preceden a la bóveda de cañón se realizan en escayola. Tiene una gran cúpula semiesférica apoyada en pechinas.

En cuanto a los retablos, incorporó piezas de las desaparecidas iglesias de la localidad, destacando dos de ellos:

- Retablo del Salvador: magnífica obra renacentista (siglo XVI) ejecutada por el entallador Guillén Doncel, aunque no se descarta la colaboración de otros escultores como Juan de Juni o Juan de Angers. Tras su retirada y desmontaje de la iglesia del Salvador estuvo guardado en unas paneras y fue recolocado en el siglo XIX, por piezas, en la parroquia de San Pedro. Finalmente en 1955 fue reconstruido del modo que actualmente puede observarse en el altar mayor.

- Retablo del Cristo de Santa Marina: en la capilla del lado del Evangelio (izquierda) se insertó en parte el retablo mayor proveniente de la iglesia de Santa Marina, en el que se venera la imagen flamenca del bendito Cristo de Santa Marina (siglo XV), patrón de la villa. El retablo sin embargo es bastante posterior, del siglo XVIII, y de estilo barroco seguramente del foco de los Sierra de Medina de Rioseco. Relata el martirio de Santa Marina y ha sido recientemente restaurado.

Otras piezas a destacar son algunos crucifijos, como el Cristo del Amparo (siglo XVII) o el Cristo Gótico (siglo XIV), los pasos de Semana Santa y la magnífica orfebrería del siglo XV en adelante entre la que prevalecen el Viril y la Cruz Procesional.

En las obras hoy inauguradas se ha repintado todo el interior y se han sustituido los pavimentos por otros nuevos de madera y piedra. Se ha mejorado en parte la iluminación (principalmente del retablo mayor) e incorporado nuevos bancos.

Queda pendiente la restauración de diversos retablos, pinturas e imágenes, además del órgano. Junto a ello, la anhelada instalación de un museo parroquial que exhiba permanentemente las joyas que atesora la parroquia, como su archivo o su orfebrería. Ojalá sean los siguientes pasos.