sábado, 11 de agosto de 2012

Respeto y educación, o la falta de ello

Anoche fue otra de estas calurosas noches de verano en las cuales es difícil conciliar el sueño, aunque en esta ocasión fue un poco más complicado hacerlo. Tenemos un bebé de 10 meses bastante travieso pero que tras la cena, a eso de las 11, suele dormirse como seis o siete horas seguidas, lo cual nos da un respiro a sus padres quienes podemos descansar (o concentrarnos en algún trabajo) hasta las 5 o 6 de la mañana, cuando Alex despierta y vuelve a comer un poco, y ya de forma intermitente duerme a ratos hasta que desayuna sobre las 8 o las 9. Es lo que tiene ser papás, ya lo sabíamos, pero estos sacrificios se compensan con un simple rato de juegos o con tener a tu hijo en brazos.

Pero anoche su mamá además había pasado una mala tarde, quizá por algo que comió y no le sentó del todo bien, quizá por algún virus que le sigue aun hoy provocando bastante malestar. Por ello se acostó con el niño tras la cena y yo aproveché para recoger y leer un rato, además de regar las plantas del patio y balcón, lo cual hice amenizado por los acordes de un conjunto musical que desconocía pero que me agradó durante ese rato oyéndolo en la lejanía, como cuando hay actuaciones en el castillo. 

Seguí luego mi lectura pero a eso de las 12 me percaté de que los susodichos músicos estaban tomando algo en la cercana terraza del Café Diario, tras concluir lo que luego supe que era "un ensayo". La cosa debió animarse pues tocaron varias composiciones ya pasada la media noche, lo cual me pareció extraño e irrespetuoso para los vecinos; al poco rato Alex comenzó a llorar y despertó a su madre, quien lógicamente se quejó del elevado sonido. Subí al piso de arriba y desde el balcón comprobé que la música provenía de la Plaza Chica; llamamos a la Guardia Civil para que apercibieran sobre lo inadecuado de los altos decibelios para las horas que eran, pero simplemente nos contestaron desde la centralita de León diciendo que lo comunicarían a la patrulla de Valencia de Don Juan.

Al rato Alex volvió a dormirse, no así su madre debido a su malestar. Volví al estudio y me puse a teclear unas notas; en ello estaba cuando a partir de las 12:28 compruebo que por la calle Concilio, en la que vivimos, viene tocando alta y alegremente la charanga que luego he sabido se denomina 'Paso-Doble'. El bebé se sobresalta y comienza a llorar con insistencia, mientras su madre trata de calmarlo. Yo me enfado notablemente e impetuosamente me dirijo hacia el balcón para salir y recriminar la actitud de los músicos, que además se acompañaban de algunos conocidos quienes a su paso vitorean y jalean su actuación camino, pienso yo, de la Casa de la Cultura. Susana, ya con el niño despierto y en brazos, acude a frenarme para evitar que salga por la ventana y recrimine la falta de respeto por la hora en que la fuerte música penetra en nuestras casas. Otros vecinos también asoman alterados por este hecho. Nosotros, molestos, volvemos a la habitación y nos acostamos.

Cuál es la sorpresa cuando hacia la 1:00 de la madrugada parte del grupo y sus acompañantes vuelven por la calle Concilio hablando muy alto y alguno tocando disonantes acordes con su instrumentos. El niño vuelve a llorar; mi paciencia se acaba. Pero para evitar que yo salga a la calle es mi mujer, Susana, reitero que enferma, quien se adelanta a salir y pedir silencio amablemente. Le responden con alguna carcajada y más acordes que poco a poco se alejan calle arriba. Comprendemos entonces que no ha servido el diálogo con estas personas, algunas de las cuales particularmente me han decepcionado completamente pues las conozco y tengo gran estima (1); para la próxima vez lo tenemos claro, hay que llamar a las autoridades y dejar en sus manos la decisión de prohibir, recriminar y/o sancionar a quienes infrinjan la ordenanza cívica de ruidos y horarios nocturnos.

Lo más sorprendente es que, tras colgar mi opinión al respecto en mi muro de Facebook, diciendo que habían sido irrespetuosos y maleducados, a lo largo de hoy -además de opiniones favorables- he recibido varias críticas por parte de miembros de la charanga y "sus fieles" como ellos mismos dicen. Incluso se me ha acusado de atentar contra la cultura (¿a mi?), de intolerante y de que 'críe a mi hijo' o algo así... Quien más se ha excedido ha sido un tal Héctor, quien ha tenido la lindeza de llamarme públicamente "amargado", lo cual queda archivado en mi expediente particular por si fuera necesario tomar alguna medida coercitiva.

También algunos amigos y familiares han salido en defensa de los miembros de la charanga opinando que sólo querían alegrar la noche coyantina y que las 00:30 o la 01:00 no es tan tarde...  Peor es que otros han querido presentar nuestra postura como un ataque a la charanga ¡?! y han salido diciendo que son chicos geniales, buena gente, solidarios y hasta que ayer no cobraron... Me pregunto dónde he puesto yo lo contrario, sólo les he criticado su acción de anoche -a todas luces incívica- y encima he aprovechado el hilo para reconocer mi admiración por muchos de ellos, faltaría más, hasta el mejor escribano echa un borrón, todos cometemos errores, yo el primero, pero hay que saber reconocerlos y evitar volver a caer en ellos.

Sin embargo, salvo alguna honrosa excepción (que agradezco), en conjunto la charanga no ha pedido disculpas por lo de anoche y además se reafirman asegurando en que han sido hasta 'demasiado respetuosos'. Quedo por ello decepcionado ante su actitud y sólo les pido que en próximas ocasiones cumplan con las normas de ciudadanía, puesto que estamos en un estado de derecho donde nos hemos dado unas normas de convivencia que todos debemos respetar. "La calle es de todos" (dice el post de la charanga en su página de Facebook), cierto, "pero no es de nadie", añado yo; no es mía, pero tampoco es vuestra.

(1) Algunos de ellos ya me han pedido disculpas y ello les honra, dando muestra de que son buena gente como yo sabía de antemano.