sábado, 16 de febrero de 2008

Los Movimientos Sociales (clase 2 de 4)

1.6.- El socialismo utópico

Las duras condiciones de explotación de la sociedad industrial con el control de los capitalistas hicieron aparecer, desde finales del siglo XVIII, teorías que condenaban las evidentes injusticias y criticaban un tipo de desarrollo económico que producía miseria. En esencia, propugnaban la dignidad del individuo y la solidaridad colectiva como principios morales y elaboraron proyectos de sociedades ideales igualitarias.

A estos teóricos, reformadores o proyectistas que englobamos dentro de lo que Karl Marx bautizó como socialismo utópico, podemos agruparlos según los procedimientos que proponen:

- Reformadores defensores de la violencia:

El precedente se produjo con la Conjura o Conspiración de los iguales (1797) promovida por el revolucionario Françios Noël Babeuf, más conocido como Gracchus Babeuf (1760-1797). Firme defensor de la abolición de la propiedad privada y del derecho de herencia así como de la colectivización de la tierra ha sido considerado como uno de los primeros teóricos del comunismo así como un pre-anarquista. Postulaba la organización de la sociedad sobre la base del trabajo en común y una revolución social que debía completar la revolución realizada desde 1789, defendiendo, incluso, el empleo de la violencia y la necesidad de un periodo de dictadura. Al descubrirse la conspiración fue detenido y ejecutado el 27 de mayo de 1797.

Sus teorías violentas fueron seguidas en el siglo XIX por otros reformadores sociales como Louis Auguste Blanqui (1805-1881). Éste participó en las revoluciones francesas de 1830, 1848 y 1871. Sufrió muchos años de cárcel donde desarrolló su propia teoría política. Creía que la revolución social era algo inevitable y necesario, pero que sólo triunfaría si era dirigida por una vanguardia profesional, cuyos miembros podían surgir de la propia burguesía, y que deberían adoptar métodos dictatoriales para consolidarse en el poder. En el ámbito económico, abogaba por una evolución gradual desde el capitalismo hasta el comunismo.

- Teóricos que abogan por soluciones pacíficas:

Claude Henri de Rouvroy, conde de Saint-Simon (1760-1825) publicó escritos conteniendo razonamientos en favor de una organización social, encabezada por hombres sabios y basada en el desarrollo de racional de la industria, que beneficiase por igual a todos los componentes de la sociedad. Después de su muerte, los discípulos de Saint-Simon -bajo la dirección de Enfantin- organizaron y popularizaron sus ideas, y sus principios y teorías recibieron el nombre de sansimonismo. Se convirtieron en técnicos al servicio de la más avanzada burguesía, y las ideas utópicas de los sansimonianos están en la base de la de abrir en Suez un Canal que uniese el Mediterráneo y el Mar Rojo para acortar las distancias entre Europa y Asia, proyecto que finalmente se llevó a la práctica bajo la dirección de Ferdinand de Lesseps.

Louis Blanc (1811-1882) prefería la acción basada en la lucha pacífica por el sufragio universal. Blanc se anticipó a la formulación del principio, adoptado después por el marxismo, según el cual el ideal social está en que "cada uno aporte según sus capacidades y cada uno reciba según sus necesidades". Blanc creía que este principio podía llevarse a la práctica mediante la creación de Talleres Nacionales, asociaciones de trabajadores financiadas por el Estado y supervisadas por los propios obreros.
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- Proyectistas de sociedades igualitarias:

Muchos socialistas utópicos confiaban en reformar la sociedad al margen de la acción política, como resultado de la difusión de nuevos valores sociales o de la fundación de comunidades que sirvieran de ejemplo alternativo. Los principales de ellos fueron los franceses Fourier, y Cabet, así como el inglés Robert Owen.

Charles Fourier (1772-1837) defendió la creación de falansterios, agrupaciones comunitarias donde la propiedad era colectiva y todas las tareas eran compartidas por todos los habitantes. El sistema, conocido como fourierismo, se basa en un principio universal de la armonía, desplegada en cuatro áreas: el universo material, la vida orgánica, la vida animal y la sociedad humana. El estado armonioso ideal se alcanzaría por la división de la sociedad en falanges cooperativas, o comunidades, cada una compuesta por unas 1.600 personas que vivirían en el falansterio, un enorme edificio comunal situado en el centro de una gran área agrícola. Se establecieron normas detalladas para regular la vida de cada individuo de la falange. La asignación del trabajo se basaba en el talento. La propiedad privada no se aboliría, pero al mezclar al rico y al pobre, las diferencias visibles entre ellos desaparecerían. La riqueza comunal de la falange proveería con generosidad la subsistencia básica de sus miembros.
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Étienne Cabet (1788-1856) participó activamente en la Revolución de julio de 1830, tras cuyo triunfo fue elegido miembro de la Cámara de Diputados. Sus críticas al nuevo gobierno en 1834 le obligaron a exiliarse a Londres, donde abrazó el pensamiento comunista, influido por las obras del humanista inglés del siglo XVI Tomás Moro -autor de la primera Utopía moderna- y por el movimiento de reforma social encabezado por el socialista británico Robert Owen. En 1839 regresó a Francia, donde publicó la novela Viaje a Icaria (1840), en la que se describe una sociedad ideal en la que la actividad social y económica es supervisada por un gobierno electo. Esta obra alcanzó popularidad, lo que animó a Cabet a llevar a la práctica sus ideas. Así fue como en 1849 Cabet y 280 seguidores emigraron a Estados Unidos donde fundaron una comunidad icariana en Nauvoo (Illinois). Los icarianos de América no llegaron a sobrepasar los 1.800 miembros. En 1856, las diferencias internas en Nauvoo llevaron a Cabet a abandonar la colonia con 180 discípulos para establecer otra, a la que llamaron «Nueva Icaria». Cabet falleció ese mismo año en Saint Louis (Missouri), pero su movimiento perduró en Estados Unidos hasta 1895. En España Narciso Monturiol y Anselmo Clavé publicaron un periódico cabetiano, La Fraternidad (1847-1848).

El inglés Robert Owen (1771-1858), fue sociólogo y economista, además de reformador social. Era propietario de una fábrica textil, y en los inicios de su carrera estaba preocupado por los aspectos que condicionan la formación del carácter de las personas. Fue sensible a las penosas condiciones de explotación a las que había de enfrentarse la clase obrera en los inicios de la revolución industrial, con jornadas de trabajo larguísimas y agotadoras, sueldos bajos, condiciones de salubridad e higiénicas pésimas en el trabajo, ningún tipo de seguridad social, trabajo extenuante de mujeres y niños y la constante amenaza de quedar en el paro. Está considerado el fundador del cooperativismo.

Como copropietario y director de la fábrica New Lanark en Escocia (1824), denunció algunos de los postulados del liberalismo clásico e ideó el New Moral World en los que se anticipaba a la moderna legislación obrera, conseguida tras décadas de luchas de los trabajadores. Aplicó sus principios teóricos a su fábrica en la redujo la jornada de trabajo, estableció subsidios, fundó un economato, instaló una escuela infantil, … entre otras mejoras.

En Indiana, Estados Unidos, fundó la colonia agrícola New Harmony de tipo comunitarista, en la que se pusieron en práctica los principios del «nuevo orden moral», como eran la vida en común, sin matrimonio y el dinero sustituido por el trabajo-hora. Reclutó 800 colonos.

De regreso a Inglaterra los obreros le eligieron como representante lo que dio nuevo impulso al movimiento llamado cooperativista. Continuó publicando el periódico The New Moral World y participó en la creación de la Rochadale Pioneer's Cooperative, primera cooperativa de consumo con éxito en Inglaterra.


- Feminismo de clase:

Flora Tristán (1803-1844) es considerada la fundadora del feminismo moderno. De origen acomodada, su padre no la reconoció y a su muerte quedaron en la pobreza, debiendo trabajar de niña en un taller de litografía con cuyo propietario se casó por conveniencia con 17 años. Su pensamiento engarza con el socialismo utópico (sansimoniana, revolución pacífica) pero viendo imprescindible la creación de un partido, la Unión Obrera.

"Todas las desgracias del mundo provienen del olvido y el desprecio que hasta hoy se ha hecho de los derechos naturales e imprescriptibles del ser mujer".


"La ley que esclaviza a la mujer y la priva de instrucción, os oprime también a vosotros, hombres proletarios. (...) En nombre de vuestro propio interés, hombres; en nombre de vuestra mejora, la vuestra, hombres; en fin, en nombre del bienestar universal de todos y de todas os comprometo a reclamar los derechos para la mujer”.

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2.- LA ÉPOCA DE LA PRIMERA INTERNACIONAL
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2.1.- El impacto de la revolución de 1848
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Francia es en estos momentos el centro del movimiento obrero. Los trabajadores se unen a la burguesía liberal para derrocar a la monarquía mediante una insurrescción. Se instaura así la II República francesa, a la cual se van a exigir una serie de derechos sociales, ya no sólo políticos o económicos. Estamos en un momento en el que avanza la difusión de las ideas democráticas que reivindican soberanía popular frente a la soberanía nacional, en definitiva piden sufragio universal en detrimento del sufragio censitario.
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Tras la abdicación del monarca Luis Felipe de Orleans se forma un Gobierno provisional el 25 de febrero, variado a nivel interno, contando con republicanos, socialistas y radicales. Pese a su brevedad (hasta comienzos de mayo), logró implantar una serie de medidas nunca vistas hasta ese momento: libertades políticas, sufragio universal masculino, abole la esclavitud y la pena de muerte, ...

Otra de sus novedades será el decreto mediante el cual el Estado adquiere capacidad para intervenir en el trabajo. Así, el ministro socialista Louis Blanc instaura en este primer momento los Talleres Nacionales, asociaciones de trabajadores financiadas por el Estado y supervisadas por los propios obreros. Pero la burguesía se opuso a estos cambios y tras las elecciones de mayo el nuevo gobierno los suprimió en junio. Esto, sumado al retroceso en otros avances sociales conseguidos en febrero, provocó como respuesta popular la insurrección de junio que supuso un auténtico enfrentamiento de clases entre burguesía y proletariado que había de saldarse con 1.500 fusilados y 25.000 presos.

Además de la represión, la consecuencia fundamental será la influencia que estos acontecimientos harán en autores como Marx o Engels y que plantearán que la clase trabajadora debe reivindicar por sí misma, nunca de la mano de la burguesía.